Televisores como Cuadros

Miércoles, 2 Julio   

Dentro de los televisores planos la lucha entre dos tecnologías, Plasma y LCD, está en plena efervescencia. Ambas compiten en delgadez y en elevados precios, aunque todo apunta a que el LCD se llevará el gato al agua gracias a su fabricación masiva para monitores de ordenador, que redundará en una mejora de calidad y fuerte y rápida caída de precios. Pero, por el momento, los dos son un lujo al alcance de muy pocos.

Para ir a por un televisor de plasma -así llamado porque la imagen se forma con diminutas celdas rellenas con gas ionizado en estado de plasma, como en los tubos fluorescentes- hay que llevar en la cartera al menos 3.000 euros. A cambio el comprador adquiere un televisor de poco más de siete centímetros de fondo que se puede admirar incluso apagado (hay sistemas para mostrar cuadros famosos cuando están apagados) y que, una vez encendido, ofrece una calidad de imagen cercana a la del CRT (las convencionales), aunque pierde un poco en los tonos más oscuros.

Todavía más planos (hasta cinco centímetros), los televisores LCD vienen a ser como el hermano pobre del plasma. Son más pequeños (hasta unas 37″), de aspecto menos estilizado, muestran peor los colores negros y siguen siendo muy caros, incluso más que el plasma en relación al tamaño de la pantalla. Sin embargo, son más brillantes, por lo que no les perturba tanto la luminosidad del entorno y viven más tiempo: 50.000 horas frente a las 25.000 de media a las que empieza a fallar el plasma.